Fachas

No es algo nuevo. Desde hace años, en los medios de comunicación mainstream, institutos y universidades se utiliza el adjetivo “facha” para describir a quien discrepa de la superioridad moral del pensamiento único. Superioridad moral que, por cierto, no aguanta ni el más mínimo debate.

Evidentemente, y como en todo cambio significativo en la sociedad, el despertar ha sido lento pero firme. El 2 de Diciembre, el Partido Socialista sufrió, seguramente, uno de los golpes más duros de su historia. A estas alturas, si todo sale según lo previsto, podemos estar seguros de que perdieron el gobierno en su mayor nicho de votos, Andalucía, donde llevan gobernando casi cuarenta años. Al final, esos “fachas” que parecían estar amordazados y atemorizados por “el qué dirán” ganaron las elecciones, y demostraron que luchar por lo que es correcto vale la pena.

La reacción de la izquierda, que siempre ha sido profundamente demócrata (por favor, nótese el sarcasmo), no se hizo esperar ni 24 horas. El mismo 2 de Diciembre, cientos de estudiantes movilizados por Podemos asistieron a manifestaciones ilegales contra los frutos de la fiesta de la democracia. Mientras tanto, la aún presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que hizo una campaña más que grosera contra sus adversarios políticos, esquivaba toda autocrítica y, días después, compartía un artículo de un profesor que, al ver que algunos de sus alumnos seguían a VOX en Instagram, lamentaba no haberles adoctrinado más cuando pudo. Y los medios de comunicación, mientras grandes partidos políticos protagonizaban ejercicios de una irresponsabilidad democrática y moral inaudita, ¿de qué hablaban? De VOX mismo. Les preocupa más la aparición de un partido perfectamente constitucional que la violencia de la turba “antifascista” contra aquellos que no comulgan con sus abominables ideas. Hicieron gala de esa doble moral que les ha caracterizado siempre, según la cual todas las opiniones son válidas hasta que contradicen sus dogmáticas propuestas. Entonces usan el calificativo “facha” para señalar a los políticamente incorrectos, que según ellos son el mal personificado. “¡¿Cómo piensan así?!”, se preguntan utilizando esa fatal arrogancia que demuestran cada día.

Detrás de la etiqueta fácil con la que nos señalan a quienes defendemos la libertad sin complejos, se esconde un temor desmedido. Es el miedo al debate, a la lucha de las ideas y los ideales, a enfrentar opiniones con argumentos y no con puñetazos. Este sentimiento ha calado en la sociedad, y de qué manera. Tanto es así que los enemigos de la libertad están acostumbrados a que se les siga el juego y, cuando uno desafía la verdad oficial lo más mínimo, le insultan, increpan y agreden. Hace unos días, 15 energúmenos le pegaron una paliza a un chaval en la Universidad por defender la unidad de España. Los insultos hacia los liberales y conservadores están completamente normalizados y el Sindicato de Estudiantes, con la excusa barata de “luchar por los alumnos”, utiliza a los más jóvenes para fines políticos con el silencio cómplice de la mayoría. Y todo esto sin que casi nadie levante la voz por si corren la misma suerte que aquellos que se atrevieron.

Una de las vías que utilizan los verdaderos intolerantes, esos que se hacen llamar “antifascistas” y usan los medios de comunicación como medios de activismo, es dividir a la sociedad en grupos que consideran antagónicos. Intentan hacer su propia versión de la división marxista entre explotadores y proletarios. Así pues, en vez de individuos libres e iguales ante la ley, ven hombres (este grupo es el opresor, por supuesto) y mujeres, blancos y negros, liberales y socialdemócratas, votantes de PP, Cs o VOX y votantes de PSOE y Podemos… Así podría estar todo el día. Incluso los miembros de aquellos grupos que dicen defender que se dan cuenta de cómo les utilizan son insultados y verdaderamente amenazados por la extrema izquierda. Cabe preguntarse si esto es así porque quienes debieron oponerse al colectivismo han mirado a otro lado.

¿Se puede acabar con esta dictadura de lo políticamente correcto? Puede, pero para ello hay que perder el miedo a los insultos, mostrarnos tal y como somos y sentirnos orgullosos de pensar como pensamos. Si otros no tienen problema en decir lo que opinan, ¿por qué nosotros deberíamos tenerlo? ¿Hay algún inconveniente en que una opinión sea poco aceptada o polémica? El pensamiento unidireccional no sería tan poderoso si los silenciados se atrevieran a desafiarlo. En la política, como en la vida, no se puede ni se debe contentar a todo el mundo. PP, Cs y VOX deben saberlo. Deben ser auténticos y tomarse los insultos de la izquierda como lo que son, un halago. Al fin y  cabo, estos tres partidos tienen, supuestamente, posiciones contrarias a sus adversarios socialistas y socialdemócratas. Incluso desde la perspectiva de alguien que solamente mira por los votos, no encuentro razón alguna para molestarse por la opinión de los populistas, ya que no comparten un mismo target. Un político no puede esperar que le vote todo el mundo. Por ejemplo, no se pondrán nunca de acuerdo en economía un comunista y un liberal clásico, y pensar lo contrario ha sido clave en la degeneración de ciertos partidos que han perdido sus principios para sustituirlos por el punto de acuerdo. Necesitamos políticos valientes que, como Thatcher, no sean de “consenso” sino de “fuertes convicciones”. Nada más poderoso que la autenticidad contra la corrección política.

Podemos apreciar entonces que, para escapar del debate, los dogmáticos seguidores del pensamiento único utilizan la palabra “facha” para calificar a todo aquel que disidente de sus ideas. Así pues, y sin gran oposición social, se han normalizado los insultos contra los políticamente incorrectos, la utilización de los estudiantes y diferentes colectivos para fines políticos y, en definitiva, el acoso social y mediático contra aquellos que tienen opiniones más o menos polémicas. Esta autoritaria deriva es reversible. Es responsabilidad de los atacados dejar de buscar el consenso absoluto, reconocer que no se puede ni se debe estar de acuerdo con todo el mundo y actuar en consecuencia. Sólo se acabará con el colectivismo y con el miedo de una manera: sin complejos.

¡Los negros no tenemos que ser de izquierda!

Desde hace meses me vengo preguntando si por ser negro pierdo mi derecho de todo individuo a la expresión libre y a la libertad de conciencia. La presión social que siento por parte de ONGs, fundaciones y activistas negros, -porque según ellos, como negro debo ser de izquierda- es inmensa y discriminadora. Siempre he defendido que ni el color de piel ni la orientación sexual de una persona determinan sus ideas. Colombia ha llegado al punto de polarización tan despiadada que se reciben ataques desmedido que van hasta las agresiones físicas, por el simple hecho de apoyar al presidente Iván Duque, al Centro Democrático y por defender ideas republicanas ¡Como debe ser!

Sigo muy de cerca las políticas de Donald Trump en Estados Unidos, desde un principio lo apoyé, él es republicano, como yo, ambos defendemos el capitalismo, lo que todo país necesita para avanzar. En USA los progresistas y demócratas (la izquierda) atacan a todo negro republicano, parten del mito que los negros no deben ser republicanos, porque supuestamente es el partido de los racistas. Muchos ignoran que el Partido Demócrata defendió la esclavitud, la segregación racial y al Ku Klux Klan. En Colombia también se subestima al Capitalismo y se ignora su importancia en la historia de la abolición de la esclavitud: este garantiza competencia, acceso al mercado, ataca la discriminación y elimina el racismo. Recordemos que la manumisión republicana demostró cómo el capitalismo sirvió para abolir la esclavitud y convertir amos esclavistas en patrones que contrataban mano de obra en vez de esclavizarla.

 

Tengo muy claro que mi color de piel no me obliga ni a mí ni a nadie a ser de izquierda o de derecha, republicano o demócrata, mi color de piel es sólo -según yo- una virtud. Todos somos libres de escoger a quién apoyar, por cuál partido votar y que ideología política defender, sin temor a ser discriminados ni perseguidos por esto. Ojalá y quienes me amenazaron y me agredieron física y verbalmente en Cali el pasado viernes 13 de julio por ser negro, de derecha, y apoyar a Duque lo entiendan.

En muchas ocasiones a través de mis redes sociales, en debates de compañeros de universidad, en radio, en chats, etc., me degradan por defender en lo que creo, me tildan de “blanquito” o de negro que aparenta ser de raza blanca, me han dicho que es una vergüenza que un negro defienda a Trump o a la derecha, que es contradictorio ser “latino” y republicano, además de insultos y falacias. Irónico ver el racismo de los “anti-racistas”, sus prejuicios, sus mitos y su inmadurez para entender que somos una sociedad que no vive del pasado sino del presente, donde todo individuo tiene derecho a la libre expresión, a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa.

La existencia de negros republicanos es un motivo de pánico para la izquierda, porque su simple existencia refuta toda su narrativa que busca monopolizar las “minorías”, se les acaba esa manía de usarlas como instrumentos de lástima. No pasa por la cabeza de esa gente que el negro pueda ser, efectivo y conscientemente un republicano que entiende que la defensa de la Constitución y de la libertad económica es el camino, que adoptar el paternalismo estatal genera sólo dependencia y representa una forma moderna de esclavizar para las “minorías”.

No se le puede exigir a los negros ni a los gais ni a nadie adoptar ciertas ideas sólo por su color de piel, origen étnico, su religión o su orientación sexual, eso es racismo. Es necesario combatir desde ya ese racismo positivo al que tanto negros como mujeres y como miembros de la comunidad LGBTI están siendo sometidos por quienes arbitrariamente se creen dueños de la verdad y de las “minorías”. Debemos luchar, además, contra esa táctica de la izquierda mamerta de humillar a toda persona que no apoye su marco ideológico.

Que la izquierda lo entienda de una vez por todas ¡Los negros no tenemos que ser de izquierda!

Los crímenes del bando republicano

Tras la muerte de Franco y la transición a la democracia, son muchas las personas que han olvidado los crímenes de los que ahora son llamados “Los buenos”, que lucharon contra Franco y defendieron la segunda república.

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Crisis en la Izquierda: De la franquicia al veneno para el pueblo

Desde hace más de 18 años la revolución bolivariana llegó a la región latinoamericana de la mano de Hugo Chávez Frías, un militar venezolano que tras un intento fallido de “golpe” y pasar unos cuantos años en la cárcel, logró “cambiar” y vender su imagen ante el país como uno de los principales candidatos del pueblo, pues para ese momento él mismo ya se hacía llamar “la voz del venezolano”. Lo cual en conjunto al apoyo de muchos sectores económicos del país le permitieron obtener el triunfo en las elecciones de Diciembre de 1998; convirtiéndose así en el Presidente de Venezuela.

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LA BOLA DE CRISTAL – OPINIÓN

Es muy interesante, en ocasiones, echar la vista atrás en la historia de la humanidad e intentar adivinar cuál será nuestro futuro, basarnos en aquello que nos ha llevado a este punto y usarlo como una pequeña bola de cristal para otear el horizonte del tiempo.

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