Desmintiendo al sector del taxi

Esta semana hemos sido testigos de cómo, a golpe de bloqueos, coches destrozados y chantaje a la Administración, finalmente Uber y Cabify no tuvieron más opción que huir de Barcelona.
No hablamos de una mafia. Hablamos del taxi, un gremio que, como cualquier lobby, se aferra a mentiras, falacias y violencia para poder mantener sus privilegios oligopolísticos. Hagamos un repaso por los principales argumentos con los que el sector defiende su estatus:

1. Los taxistas no son monstruos, únicamente pretenden que se cumpla la Ley
Aquí encontramos el primer problema. En primer lugar, alguien puede ser un monstruo defendiendo la Ley vigente. Podemos encontrar numerosos casos a lo largo de la historia, por ejemplo, durante la Alemania Nazi. Ya que, a pesar de lo que muchos creen, la Ley positiva del Estado no establece la moral. Por lo que, aunque esta permitiese asesinar o robar, dichos actos seguirán estando igualmente mal desde un punto de vista ético.

Todo esto para explicar que, defender una Ley que limita la competencia -en concreto, la ratio 1/30 VTC- y, por tanto, fija artificialmente la demanda y oferta, cuando esto debería ser establecido por las necesidades del mercado, no solo se trata de una Ley injusta, sino que además, perjudica a aquellos que supuestamente pretende defender -los consumidores- a costa de engordar los bolsillos de los taxistas.
Ya que, démosle una vuelta de tuerca ¿Por qué los taxistas solamente proponen cumplir con la ratio 1/30 por vía de reducir las VTC y no aumentando las licencias de taxis?
Esto sirve para desmentir el siguiente mito:

2. Apoyar el sector del taxi supone defender el interés general de España y su bien común
Esto es fácilmente desmontable, tanto desde la teoría como la práctica.
Por un lado, la ciencia económica establece determinadas situaciones que provocan una desviación del mercado desde la competencia perfecta. Una de ellas es el monopolio, es decir, aquel fallo de mercado provocado por el privilegio legal concedido por el Estado, en el cual existe un productor o agente económico que posee un gran poder de mercado para explotar con carácter exclusivo alguna industria o comercio. En este caso, no se está concediendo en exclusividad la totalidad del servicio al taxi, sino más bien limitando la capacidad de las VTC para poder competir en igualdad de condiciones, poniendo trabas conocidas, como las licencias y las recientemente reclamadas, como la precontratación o la vuelta a la base. Sin embargo, cualquier límite artificial del mercado, provoca un exceso o escasez en la oferta y demanda, que, a su vez, es absorbido por medio de un aumento de los precios al consumidor final.

Esto se puede demostrar claramente en la realidad, por ejemplo, tras el decreto anti-VTC, inmediatamente en Madrid, el taxi propuso un aumento del 5,1% de sus tarifas, y tras echar a las VTC en Barcelona, el sector del taxi acaba de subir la tarifa mínima a 7€. Pero esto no afecta únicamente al taxi, sino también a las VTC, que, al verse limitadas en número, presentan unos precios considerablemente superiores a otros países vecinos, como por ejemplo Reino Unido.

3. Si no se limitan las VTC y taxis, tendríamos cientos de miles de ellos
En primer lugar, habría que preguntarse ¿Y qué? O más bien ¿Para quién es un problema que aumente el número de opciones y posibilidades para el transporte?

Pero realmente, ese argumento es tan vacío como afirmar que la libertad de empresa supondrá que automática y mágicamente nazcan millones de ellas, ya que demuestra no tener ni la más mínima idea de lo que es una empresa. Esta no es más que una oportunidad de negocio, las cuales no nacen por concesiones administrativas a base de decreto, sino por medio de encontrar necesidades insatisfechas por el mercado.

Por tanto la pregunta está en ¿Qué problema hay en dejar que las demandas sean satisfechas?

4. Los taxistas no amenazan, ejercen su derecho a huelga
Diferenciemos varias cosas. Una cosa es un trabajador por cuenta ajena, al cual se le reconoce derecho a huelga, y otra muy distinta un autónomo (o empresario individual) quien no cuenta con dicho derecho, sino únicamente con la posibilidad del cierre de la patronal. Y no íntegramente y sin condiciones, como está haciendo el taxi incumpliendo sus propias licencias al no prestar si quiera servicios mínimos.

Y, por último, pero no menos importante, la huelga es un derecho individual a no trabajar, el cual no puede ser impuesto a los demás coactivamente, obligando a otros taxistas a no conducir sin contraprestación, e insultando a los usuarios que optan por otras vías. Pero sobre todo no puede transformarse en el impedimento a la competencia de trabajar, entorpeciendo, amenazando y frenando a los conductores VTC. Eso no es un una huelga, es un crimen.

5. La culpa la tienen los grandes fondos de inversión que compran licencias VTC
El problema de este argumento es que trata de ocultar la realidad, y como haría según que partido en reciente descomposición, tira balones fuera.

Lo que no puede ser es que unos señores que han adquirido unas licencias con una revalorización por encima del 500%, que tributan durante toda su vida por módulos para pagar los mínimos impuestos posibles, y apuestan la totalidad de su jubilación a la reventa de su licencia, traten de dar lecciones de buenismo. En todo caso, podrán darla de especulación.

6. Los taxistas han desembolsado demasiado por sus licencias, y alguien tiene que pagar
Comprendamos que lo que hoy en día existe son 2 tipos de mercados:

Por un lado, uno primario, en el cual la Administración expide la licencia de taxi al conductor, a coste nulo, salvo algún que otro gasto administrativo.
Y, por otro lado, el secundario, en el cual el taxista puede vender su licencia y que otros interesados las compren, a cambio del precio que pacten mutuamente.

Esto sirve para entender que la Administración del Estado solo será responsable de aquellas relaciones primarias, pero nunca de las secundarias, ya que estas se han transmitido entre particulares por medio de un acuerdo de voluntad entre las partes, por lo que la responsabilidad es completamente privada.

7. Si liberalizamos el sector, las VTC monopolizarán el mercado
Esta difamación se entiende por la falta de comprensión del significado en sí de liberalizar.

Liberalizar supone por definición otorgar libertad, abriendo el mercado por medio de la eliminación de barreras artificiales de entrada, como son las regulaciones.
Por tanto, liberalizar no supone otorgar monopolios, sino más bien destruirlos. En el caso de que Uber y Cabify pretendiesen capturar la totalidad del mercado y exprimir a los consumidores, la libre entrada permitiría que otros que fuesen capaces de ofertar un mejor servicio se llevasen a dichos clientes.

Es curioso cómo los protagonistas de la competencia desleal plantean una situación futura en la que los competidores actúan igual que ellos para deslegitimarse. Supongo que cree el ladrón que todos son de su condición.

8. Los taxistas pagan sus impuestos en España, las VTC no
El fallo garrafal aquí es que el taxi se crea el dictador de los criterios de decisión del cliente, haciendo gala -al igual que el Estado- de un argumento paternalista, señalando buenos y malos, creyendo tal vez que el consumidor es demasiado estúpido como para decidir por sí mismo y valorar si la sede fiscal de la empresa es un argumento de peso a la hora de desplazarse de un lugar a otro.

Ya que, en todo caso, de lo que debería tratarse es de crear un mayor valor al cliente, no a Hacienda. Y aunque así fuera, olvidan que los conductores VTC pagan en España entre 5 y 10 veces más impuestos que un taxista.

Además, siguiendo ese nacionalista argumento, reclamando momentáneamente el proteccionismo de la industria patria, habría que preguntarse ¿Dónde se fabrican los taxis? ¿Dónde tributa MyTaxi? ¿De dónde se importa la gasolina? Preguntas cuya respuesta probablemente no interese tanto al oportunista gremio.

9. Las VTC precarizan a sus trabajadores y tenderán a empeorar sus condiciones laborales
Los taxistas se paran a pensar y ven cómo, pese a que las VTC se estén introduciendo en el sector y llevándose cada vez más clientes, los conductores de estas no están ni mucho menos para lanzar cohetes.
El problema está claro. La culpa de los perjuicios laborales de las VTC la tienen los beneficios regulatorios de los taxistas. Y desde luego, enviarles al paro, no les ayuda.

No necesitan su compasión, sino la liberalización.

10. Sin licencias, se implantaría la Ley de la selva, y cada viaje supondría un peligro
Los taxistas argumentan que el sistema de licencias es necesario, ya que este permite certificar unos mínimos que todo conductor debe respetar (habilidad de conducción, ética…) y que por tanto garantizan al consumidor un servicio de calidad.

Sin embargo, si realmente el objetivo de las licencias es únicamente establecer las normas que todos los transportistas deben seguir ¿Por qué no todo aquel que cumpla con dichos requisitos tiene la posibilidad de obtener una licencia? No parece, pues, que tenga sentido limitar el número.

Además, tal vez esto era necesario hace décadas, en una sociedad completamente desinformada, en la que era necesario saber que el conductor que te iba a llevar no era realmente un estafador o un atracador. Pero hoy en día, vivimos en el momento con más datos y conocimiento de la historia, por lo que el acceso a Internet y una app nos da la capacidad de calificar al conductor, y otorgar la autonomía al consumidor de escoger quién quiere que le lleve a casa.

En definitiva, de esto se trata, en que la autonomía individual, y no la del grupo de presión organizado, sea la que prime.
Aunque son muchas más las incoherencias que escuchamos, leemos y vemos cada día sobre este sector, estas 10 me parece que resumen la mayoría de los argumentos perversos con los que este lobby nos chantajea a todos, al igual que antaño ya hicieran otros, como los ludistas quemando maquinas ante la revolución industrial, o más recientemente con los estibadores.
¿Se imaginan a los videoclubs cargando contra Netflix? ¿A las discográficas contra Spotyfy? ¿O a las editoriales frente a los ebooks? Cuando la innovación y el progreso supone una derrota, cuanto antes se acepte, mejor.