Premio Goya al sectarismo 

Remontémonos a las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016. Donald Trump vs. Clinton 2.0, el mal contra el bien, para muchos. La gala de los Oscar tras la, para algunos inesperada, victoria del Partido Republicano estuvo cargada de dramatismo. Es un elemento clave del cine, claro está. Sin embargo, no me refiero al dramatismo propio de una película, sino a otro tipo: el dramatismo activista.

El pasado domingo fue la gala de los Goya, premios de cine español que deben su nombre, irónicamente, a un pintor. El año pasado, la gala fue ciertamente crítica con la situación política del país. Nada nuevo bajo el sol. Se repite la situación de 2017 en Estados Unidos. Tras la victoria de Trump, los artistas dejaron a un lado su oficio para escoger uno nuevo: analista político. Se vio en los Oscar, pero también en la gala de los Globos de Oro. Meryl Streep, elegante, eclipsando a sus compañeros con un enérgico discurso contra el entonces presidente electo. Curiosa (o quizá, no tanto) fue la ausencia de crítica en las ulteriores ediciones hacia el gobierno del, ahora ex presidente, Barack Obama. Algo similar ocurre en nuestro país. Numerosos artistas (unos más artistas que otros) dedicaron el evento a descalificar a todo lo que desafía el pensamiento mainstream. Almodóvar negó la existencia a VOX, el novato de la política nacional española. Leticia Dolera justificaba no haber invitado al partido a la gala (todos los demás partidos lo estaban) porque, según ella, no optan a la presidencia del Gobierno. El periodista le aclara que sí, que Abascal se presenta a la presidencia del Gobierno. Dolera confiesa entonces el verdadero motivo: VOX “legitíma discursos de odio, homófobos y machistas”. Para Dolera y compañía, la proposición de derogar la Ley Contra la Violencia de Género es machista per se. Sienten el mismo miedo al debate que la Vicepresidenta Calvo, sobre la que ya escribí un artículo en este mismo diario. La imposición es su medio, el silencio su fin. Tampoco faltó en la gala la ya tradicional crítica a la cultura “machista” en la que vivimos, esta vez por parte de la actriz Cristina Castaño. Muchos de los artistas que, acertadamente o no, están creando la imagen que la sociedad tiene de su colectivo, intentan ejercer de todólogos, como si tener 100.000 seguidores en Twitter o haber escrito un libro les hiciera suficientemente cultos como para hablar sin pelos en la lengua sobre cualquier tema imaginable. Así fue también el caso del ganador del Goya a mejor cortometraje, que afirmó, sin complejo alguno, la existencia de un “apartheid israelí” mientras pedía la exclusión de Israel en Eurovisión y alababa la “lucha del pueblo palestino”.

Debemos entender que los Goya no son un caso aislado. El sectarismo impera hoy en la mayoría del mundo del espectáculo, en la educación, en los medios de comunicación, en gran parte de las redes sociales y en la sociedad misma. No sé si la mayoría de los artistas piensan realmente lo mismo que los actores y directores mencionados anteriormente. De lo que estoy seguro es de que, si no opinan lo mismo, no se atreven a expresar públicamente su opinión. Ya vimos en EEUU cómo se trató a Jon Voight tras ofrecer su apoyo al entonces candidato Trump, como también vimos la diferencia de trato con su hija Angelina Jolie, que apoyó activamente la campaña de Clinton 2.0. Los insultos y muestras de desprecio con las que debía lidiar el actor eran constantes, mientras la señora Jolie recibía, mayormente, aplausos. Otra demostración de esta epidemia la vimos recientemente. El pianista James Rhodes, ya escandalizado tras descubrir que no es oro todo lo que reluce, se quejaba del hecho de que la mayoría de manifestantes del 10 de febrero en Colón eran blancos. ¡Blancos! ¡¿Cómo se les ocurre?! “Ni que los blancos pudieran quejarse”, imagino que habrá pensado el músico. Por supuesto, Rhodes consiguió miles de retuits a unas declaraciones que, de cambiar el color de piel mencionado, podríamos creer propias del Ku Klux Klan. Pero, en fin, el (mal llamado) progresismo moderno, en proceso de convertirse en secta, todo lo aguanta.

El pensamiento unidireccional no está, a mi juicio, en cuestión. Lo que sí lo está – y cada vez más – es la credibilidad de estos envarados señores del espectáculo que difunden sus propios prejuicios y dogmas a golpe de tuit, sabiendo que sus miles de seguidores van a creerse lo primero que les digan, por errado que sea. Esto sólo puede ser producto de una ciudadanía poco o nada crítica, que, como sus ídolos, teme salir de la cómoda burbuja en la que se encuentran. Total, ¿Qué más da ser un mero espectador de la vida? Permiten a otros hacer el trabajo sucio de denunciar lo incorrecto – y tragar con las consecuencias – mientras ellos se quedan de brazos cruzados porque, o no quieren actuar, o la presión social es tan grande que justifican su inactividad.

La corrección política está a unos niveles harto peligrosos. La mayor parte de artistas famosos, que muchos toman como ejemplo, demuestran, a pesar de considerarse públicamente como mentes abiertas, que sienten un desprecio nada sano por el disidente. Las consecuencias de rebelarse contra lo incorrecto son demasiadas, y no son pocos los que prefieren no dar la nota con tal de ser socialmente aceptados. En cualquier caso, si algo nos dejó claro la reciente gala de cine es que el mundo del cine – y me temo que el del espectáculo en general – está aterrorizado por el fin del pensamiento único, que amenaza la gratuidad de sus (hasta ahora) impunes faltas de respeto hacia los disidentes. En la gala se repartieron galardones por varias disciplinas, pero si hubo uno que destacó – y que tuvo más de un ganador – , fue el premio Goya al sectarismo. 

Servicio Militar Obligatorio: ¿Logro liberal o triunfo del Estado?

Actualmente, la gran mayoría de liberales españoles consideran al Servicio Militar Obligatorio, eliminado en España en 2001, como un “secuestro legal”, sin embargo, en su día su implantación se consideró un triunfo de las ideas liberales e incluso hoy algunos de los países considerados más libres lo mantienen.

Origen del Servicio Militar Obligatorio.

Se considera al Servicio Militar Obligatorio como una consecuencia de la Revolución Francesa, que lo creó con el objetivo práctico de conseguir un ejército lo suficientemente numeroso y barato como para derrotar a los ejercitos de la coalición antirrevolucionaria, típicos del Antiguo Régimen, mucho menos numerosos y mucho más caros de mantener; pero que, a su vez, tenía otros dos objetivos políticos, interesantes desde un punto de vista liberal.

El primero era el de sentimiento de propiedad, puesto que la nación es propiedad de los ciudadanos estos tienen la obligación de ocuparse de su defensa, con las armas en la mano y sin recibir ninguna remuneración por ello; el segundo era crear una organización que controlara al poder ante el riesgo de regreso del Antiguo Régimen, el Gobierno, ya fuera monarquico o republicano, podría tomar las decisiones que considerara, pero las armas estarían en manos de los ciudadanos, auténticos propietarios de la nación, que no las utilizarían contra otros ciudadanos y que sí podrían utilizarlas contra el gobernante si este no respetaba al pueblo o al Parlamento.

El Servicio Militar Obligatorio hoy.

Aunque los objetivos de la creación del Servicio Militar Obligatorio pueden parecer lejanos, actualmente muchos países reconocidos como liberales mantienen este sistema, así, entre los 20 primeros países del Índice de Libertad Humana, se puede encontrar a Suiza, Dinamarca, Finlandia, Noruega, República de China – Taiwan, Estonia, Austria, Suecia, Lituania y Singapur, es decir, el 50 %, a los que hay que añadir a Israel, el estado más libre de Oriente Medio, y a Chile, el más libre de Sud-américa

Por lo que se puede observar, no existe una relación directa entre libertad y obligación de la realización del Servicio Militar, debido seguramente a esos principios de propiedad de la nación y control de los gobernantes.

Pero, ¿Es práctico?

La cuestión es si en la actualidad esos principios siguen vigentes y si este modelo es práctico.

Actualmente las guerras no se ganan por masa de soldados, sino por adelantos técnicos, y la utilización efectiva de estos adelantos requieren de personal altamente especializado, por lo que lo más lógico es la utilización de un ejército profesional que posiblemente sea más rentable desde el punto de vista económico, al eliminar el coste de oportunidad de los ciudadanos obligados a realizar el Servicio, o bien un Servicio Militar de duración suficiente como para permitir el dominio de esos medios técnicos.

Y, ¿Es liberal?

Algunos liberales proponen la creación de un ejército de milicias voluntarias para la defensa de la libertad de los ciudadanos, una especie de ciudadanos-soldados listos para defender sus libertades tanto de un enemigo exterior (un rifle detrás de cada brizna de hierba), como de los abusos del Estado o de la delincuencia, pero, ¿es posible mantener una guerra moderna con milicias sin entrenar?, lo veo como un planteamiento bastante ingenuo, no estamos en el Massachusetts de 1775.

Y es ahora cuando regresamos al comienzo de la ecuación, ¿es posible esta autodefensa si los ciudadanos no saben utilizar las armas? ¿puede servir el Servicio Militar Obligatorio como formación en este uso?, es decir, ¿es el Servicio Militar Obligatorio una herramienta para crear una sociedad liberal?

TPM: Mejora de procesos basada en la Teoría Subjetiva del Valor y la Acción Humana.

Cuando nos referimos en los principios del liberalismo austriaco siempre pensamos en políticas económicas o en propuestas sociales, pero ¿Pueden ser útiles para gestionar procesos de producción que son, por definición, procesos altamente planificados?

Sí, es posible, como se puede comprobar en la metodología Total Productive Maintenance (Mantenimiento Productivo Total, TPM), desarrollada en un país que consideramos tan colectivista como Japón.

El creador de la metodología TPM es Seiichi Nakajima y la desarrolló en NipponDenso (filial de Toyota Motors) a lo largo de los años sesenta, esta metodología de mejora continua requiere del desarrollo de una serie de pilares fundamentales y está basada en los principios del Toyota Production System (Sistema de Producción Toyota, TPS) también conocido como Lean Manufacturing, y requiere comprender principios tan liberales como son la Teoría Subjetiva del Valor, la Acción Humana y la Función Empresarial.

TPM y la Teoría Subjetiva del Valor.

Uno de los principios básicos de TPM, que hereda de TPS, es su definición de valor.

Para esta filosofía de trabajo el valor de un producto o servicio es totalmente subjetivo y lo define el cliente, de manera que valor es todo aquello por lo que el cliente esté dispuesto a pagar y no está definido ni por los bienes, ni por los procesos , ni mucho menos por las horas de trabajo que esos productos o servicios incluyen, esta idea es totalmente compatible con las de Carl Menger que en su libro Principios de Economía Política indica “El valor de los bienes se fundamenta en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los bienes mismos. Según varíen las circunstancias, puede modificarse también, aparecer o desaparecer el valor”.

Así, de acuerdo a TPM, la ecuación:

Precio = Coste + Margen

 Se transforma en:

Margen = Precio – Coste

 En la que el precio está directamente definido por el valor, que es el que fija el coste y que debe ser tal que proporcione un margen aceptable, en la misma línea de Eugen von Böhm-Bawerk que en su libro La Teoría Positiva del Capital indica “La formación del valor y el precio comienza con las valoraciones subjetivas de los consumidores sobre los productos terminados”.

La metodología TPM plantea aumentar el valor, es decir, el precio del producto o del servicio mediante el aseguramiento de la calidad, que es uno de sus pilares fundamentales, definida esta como la capacidad para proporcionar lo que el cliente realmente requiere, en oposición tanto a la teoría del valor trabajo como a la teoría del valor de uso, en las cuales el precio es independiente de la calidad; y copia de TPS la capacidad de entregar el producto o servicio en el instante en el que el cliente realmente lo necesita, mediante una producción flexible basada en un sistema Pull (tirar).

Además, utiliza las teorías del ingeniero de Toyota Motors Shigeo Shingo para reducir los costes creando planes de acción que identifiquen y eliminen Mura (irregularidades), Muri (excesos) y Muda (desperdicios), incidiendo principalmente en los siete desperdicios identificados por Shingo que son Sobreproducción, Inventarios, Esperas, Transportes, Movimientos, Sobreprocesamientos y Defectos, y al octavo desperdicio, identificado posteriormente, el mal aprovechamiento del Talento Humano, es decir, desperdiciar la acción humana.

TPM y la Acción Humana.

De acuerdo a Seiichi Nakajima, TPM es operativo cuando se trabaja en los niveles más altos de la Pirámide de Maslow, como son el reconocimiento y la autorrealización. Para ello es necesario mejorar a las personas, que se convierten en el principal activo de la organización y el centro de esta metodología, mediante otro pilar fundamental, el de Formación y Cualificación.

Nakajima hereda también las teorías de otro ingeniero de Toyota Motors, Taiichi Ohno, que desarrolló los eventos Kaizen para involucrar a los operarios que están en contacto directo con los problemas, en la planta, con el objetivo de que propongan y apliquen soluciones de forma descentralizada, mediante un orden espontáneo, en detrimento de la planificación central creada por las pesadas burocracias administrativas de la alta dirección.

Esto no es más que desarrollar la función empresarial de los operarios, consistente en descubrir y apreciar las oportunidades de mejora existentes y así crear información tácita no articulable, como bien explica Jesús Huerta de Soto en su libro Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, que permite generar multitud de soluciones sencillas, ágiles y eficaces; en oposición al número limitado de soluciones planificadas y centralizadas, es decir socialistas, que desarrollaría el equipo de expertos de la alta dirección y que, al carecer sus autores de la información necesaria para realizar el cálculo económico, están necesariamente condenadas al fracaso

Fomentar el desarrollo de la acción humana resulta, por lo tanto, fundamental en TPM ya que son las personas, gracias a su inagotable capacidad de imaginación, ingenio y creatividad, las que generan miles de ideas, estas personas son, como hemos visto, el activo principal de una organización por lo que es necesario motivarlos, cualificarlos y mantenerlos; esta acción humana se desarrolla mediante la formación de pequeños equipos de trabajo, autogestionados y autocontrolados, que se enfocan en la mejora continua de los aspectos de su trabajo que son realmente útiles.

Además, esta función empresarial requiere que todas las propuestas de mejora sean económicamente viables y sostenibles en el tiempo, lo que premia el desarrollo de propuestas de pequeña entidad, fáciles y rápidas de implantar, con un retorno de la inversión claro y rápido; en lugar de decisiones de gran ingeniería, típicas de organismos centralizados de grandes organizaciones planificadas, que requieren de grandes inversiones y que en entornos VUCA, esto es volátiles, inciertos, cambiantes y ambiguos, como los actuales generan riesgos muy elevados y ponen en duda el retorno de las inversiones, lo que supone un peligro para la propia existencia de las organizaciones.

Libertades y libertad sexual

He elegido este título con el fin de intentar desligar tres elementos que la izquierda contemporánea utiliza para socavar el orden social liberal, vinculándolos, con trampa, con la consecución de las libertades. Me refiero a la estatización de la ideología neocomunista de género, del feminismo coactivo y del colectivismo sexual.

Una descripción del contexto nos exige observar las políticas públicas de género, que abarcan las políticas de estatización del feminismo de la cuarta ola (un feminismo fundamentalmente neocomunista) y el resto de las medidas estatales de colectivización sexual. En todas ellas, el Estado y sus administraciones tienen un rol central no sólo a través de la promoción de su financiación, sino también en la materialización social, que incluye la creación de una serie de redes clientelares, que, bien se conocen con el nombre de institutos, asociaciones o bien lo hacen bajo el nominal de ‘’colectivos’’. Estos grupos se encargan de imponer sus ideas utilizando la infiltración coactiva en todos los ámbitos sociales como estrategia principal; la coacción colectiva de sus postulados se formula en clave de exigencia de tolerancia, aunque sus impulsores, paradójicamente, no toleren el más mínimo cuestionamiento de tales postulados. El argumento que arguyen sus defensores es la igualdad entre hombres y mujeres, la persecución de la violencia que maniqueamente tipifican ‘’de género’’, la extinción total de la cultura ‘’machista’’ o de cuestiones tan controvertidas como la denominada homofobia. Todas estas acciones se perfilan dividiendo a los ‘’afectados’’ en colectivos estabulados a los que convencen de ser víctimas de la estructura civil de la familia y el sistema capitalista, lo cual incrementa el odio y la tensión en el seno de la comunidad: ello se traduce en la búsqueda de la utopía de la igualdad colectiva y en la estructuración de nuevas formas de lucha de clases, pese a que en el fenómeno que nos proponemos analizar no estemos hablando estrictamente de clases como tales. Lo que viene a ser la identidad y la sexualidad de cada individuo ya no son responsabilidad del mismo, sino que se achacan a un mero ‘’constructo cultural del orden liberal’’ que se puede modificar a través del Estado.

La libertad sexual y de identidad son dos derechos individuales, y como tales se recogen en el ordenamiento jurídico de cualquier sociedad basada en los medios privados de producción y en la división de los métodos de libre cooperación. Los postulados que se esgrimen en la descripción del contexto que hemos realizado anteriormente, invierten este axioma jurídico en la medida en que colectivizan la sexualidad y la identidad individuales intrínsecas de la persona. Una defensa liberal conservadora de la libertad sexual y de identidad frente a la imposición e intromisión estatales de la ideología neocomunista de género y la capitalización del factor sexual de la persona para los objetivos políticos del programa totalitario de la izquierda, es posible y no se entiende que las opciones políticas distintas a la izquierda hayan permanecido en silencio o colaborado con lo que no es más que una burda estrategia instrumental para avivar las luchas intestinas en la sociedad jugando con la identidad y la sexualidad del individuo. La batalla ideológica debe estar centrada en reseñar los fines y los objetivos de colectivizar y estatizar la sexualidad y el género; los liberales no nos oponemos a la ideología neocomunista de género, al feminismo sectario o al colectivismo sexual. Seamos liberales libertarios, conservadores, o conservadores libertarios, a lo que debemos oponernos es a la estatización de esos tres elementos, pues la consecución de las libertades no puede alcanzarse óptimamente si el individuo, desde la escuela hasta sus interacciones sociales, no está a salvo de las coacciones y dogmas políticos de género que están dirigidos desde las políticas estatales de género para distorsionar su libre desarrollo y autoconocimiento, ya que se mediatizan su  elección, coherencia y responsabilidad con el estilo de vida que mejor considera para sí mismo.

Para ejecutar el programa social del comunismo, la ingeniería social gradual de la izquierda canaliza un postulado sofista, por cuanto la autorrepresión sexual no se debe a ningún orden social, o no está totalmente influido por éste. Nos referimos a la teorías unificadas de Freud y Marx (Wilhelm Reich 1920, Herbert Marcuse 1968), que explican que la sociedad capitalista supuestamente genera neurosis al estar estructurada en la represión de la pulsión sexual del individuo. El freudomarxismo se postula, así, como un método que, por un lado, diagnostica el camino a seguir para llevar a cabo la revolución social comunista sin recurrir a las armas, y, por otro, sirve de apoyo ‘’científico’’ a muchas  de las políticas públicas de la ideología de género.

Hemos de separar el reconocimiento de la libertad y la educación sexual en gran parte del mundo occidental de las políticas de género en las que el Estado se entromete en la sexualidad del individuo, proveyéndole de un catálogo de instrucciones, cual anulación de facto de la autonomía personal. En los distintos países donde el marxismo cultural progresa, la lucha ya no puede girar en torno a la lucha de clases, sino que lo hace alrededor de la lucha de sexos o de identidad sexual.

Entre otros, la izquierda plantea la dominación social total de la gente por parte del Estado a través de un proceso tan alambicado como el que acabamos de estudiar. Sin embargo, desde mi perspectiva se revela clave conocerlo para identificar la procedencia y la finalidad de los ‘’fenómenos de género’’ que hoy observamos, puesto que alteran y quiebran las relaciones y acciones humanas, que se asientan sobre la confianza en la fraternidad voluntaria y la libre cooperación como ejes centrales de la competencia y el orden social liberal: la forma más pacífica de coexistencia conocida hasta ahora por la Humanidad. Y así lo demuestra la experiencia.

 

 

 

 

El Gobierno de Sánchez asalta por Decreto el Código Civil Español con la ideología (neomarxista) de género

El Real Decreto Ley del gobierno de Sánchez (PSOE), autoritario por la forma y arbitrario por el fondo, introduce, ya de lleno y sin reservas, la ideología neomarxista de género en el Código Civil Español. Durante años, se ha abonado el terreno con las políticas públicas de discriminación estatal positiva de la mujer. Con estas políticas se reconocen como realidades inevitables dos aberraciones conductuales para autojustificar la intromisión estatal en la vida privada:

  1. se reconoce a la mujer como un ser inferior a proteger coactivamente por los poderes públicos frente al varón, y
  2. se reconoce la autoridad del machismo sobre la mujer.

Por hacer un resumen, el contexto social y normativo es el siguiente: Ley de violencia ‘’de género’’, Institutos estatales y autonómicos orientados exclusivamente a la mujer como un ser aislado en la sociedad, propaganda mediática en general y con las tragedias humanas en particular, adoctrinamiento de género en medios, escuelas (asignatura de Educación para la Ciudadanía) y universidades, intromisión del estado en la vida sexual, relacional y familiar de los adultos, incitación político-mediática a buscar en el género el origen de la agresividad del ser humano, ideologización-socialización de las relaciones privadas e implementación de políticas discriminatorias y atentatorias contra la autonomía personal de la mujer y los derechos del varón, y muchas más políticas por el estilo.

En dicho contexto, la resonancia social está sesgada de forma tal que a la vista de los ‘’datos’’ que el mismo marco político de coacción genera, el varón aparece como agresor y machista congénito (ADN). Y la mujer, a modo de contraparte, como víctima de nacimiento. De ahí, pues, que los impulsores de estas conductas antisociales, hayan conseguido crear una lucha que pretenden insalvable entre sexos, y supuestamente originada por la institución de la familia. Para demostrar que ‘’existe’’ ese problema y agudizar la necesidad de un choque, e incrementar la coerción estatal sobre el varón, usan un constructo verbal nacido de las anteriores falacias sociológicas, y que categorizan con el concepto ‘’violencia ‘’de género’’’’.

Cada tragedia de sangre en la que una mujer es privada de su derecho a la vida por una conducta criminal que merece la más severa de las penas legales -algunos reclamamos la perentoriedad de la cadena perpetua para los casos más alevosos-, los políticos de izquierdas y colaboradores de la derecha torpe, feministas subvencionadas por unos y por otros con dinero del contribuyente, y medios, se encargan de instrumentalizar socialmente la mencionada tragedia a fin de demostrarnos de que nos encontramos frente a una ‘’epidemia machista’’, y que es urgente un ‘’pacto estatal’’ contra la violencia ‘’de género’’. En cambio, cuando el asesinado es varón, por la misma conducta criminal antes descrita, y para la que exigimos la misma severidad penal, como ha sido cursada por una mujer, entonces no hay caso de violencia ‘’de género’’ (y así consta en la información de la opinión publicada que omite deliberadamente toda referencia a violencia ‘’de género’’). Por efecto de complicidad, tampoco hay propaganda política socializando una tragedia privada, igual de dolorosa que la citada al inicio.

Sucedáneo moderno de la lucha de clases comunista, la lucha de sexos busca destruir al varón (lo señalan responsable del inexistente y ficticio heteropatriarcado capitalista) y debilitar y exponer la familia (la primera institución privada social espontánea) al poder coercitivo y arbitrario de la Administración pública (local, regional o estatal), porque según la raíz antropológica que sirve a la izquierda para poner a la familia como objeto a derribar, se trata de una institución que origina la propiedad privada de los medios de producción, como ya sostuvo Friedrich Engels en 1884 en su alambicada obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. Este escrito, repleto de patrañas torticeras con aires científicos, también aporta “razones” para la victimización psicopatológica de la mujer, pues de acuerdo con el misma, antes de la “era capitalizante”, en un “pasado lejano” la mujer vivía libre del yugo del marido, y criaba a sus hijos como matriarca, sin ninguna “atadura” puesto que vivía en una “sana poligamia’’ (¡como si en los tiempos que corren se persiguiera la libertad sexual!) donde el “patriarca” no tenía poder sobre la mujer para someterla tiránicamente. Este pasaje de la obra me recuerda a Anna Gabriel, política catalana, separatista y anarco-comunista del partido de las CUP, que sostenía, literalmente, que ‘’los hijos deben ser criados en la tribu’’.

¡Fue llegar el capitalismo y aparecer la propiedad privada para que se jorobara el paraíso paleosocialista! Es imposible demostrar, científicamente, que existiera tal cosa, porque jamás existió. Todo simplemente emana de la pseudo-antropología calenturienta de la izquierda, enfocada en explicarnos de dónde venimos y borrar la Historia para escribir una a su despótico gusto. Cosas de la falsa sociología del comunismo, tan disparatadas como las de la falsa biología del nacionalsocialismo. Son tesis con maquillaje de ciencia, con una explicación esencialista de la historia (historicismo), y constituyen falacias cuyo único fin es incitar al odio indiscriminado contra todos los varones.

Repasando “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” encontraremos sin sorprendernos de dónde provienen la consigna contra el “heteropatriarcado” del femicomunismo en boga y la razón por la cual la ‘’izquierda amable” ha impulsado políticas públicas de género, con el adoctrinamiento como herramienta y la familia como institución a disolver.

En vista de lo apuntado anteriormente, no extraña que la nueva incursión despótica de la izquierda sea el doble de intensa que las anteriores en materia de intervencionismo en la vida personal, relacional y familiar. Someter la Patria Potestad a decisión de la Administración Pública local, retirar los derechos al padre en ese ámbito, otorgar privilegios mediante subvenciones a la presunta víctima (aunque la acusación de violencia sea falsa, insidiosa o producto de las coacciones y amenazas de la mujer sobre el hombre, que pueden tener lugar en el seno de una convivencia disfuncional), invertir la carga de la prueba, desconfigurar jurídicamente la presunción de inocencia del varón (desigualdad ante la ley por motivos de sexo) y atentar contra su derecho al honor sometiéndolo a escarnio de un órgano administrativo absolutamente sesgado (como es un órgano de gobierno), amparándose en la falacia de la violencia “de género”, es una intolerable arbitrariedad para el Estado de Derecho. Es una situación normativa impropia de cualquier sociedad libre de Occidente. Y refleja por dónde van los tiros del proyecto socialcomunista de las izquierdas, encubierto en talante, buenismo y corrección política. La defensa de la igualdad ante la ley (isonomía) es consustancial a la defensa de la familia, no como una institución privada hermética o inmóvil, sino como el único espacio de amortiguación en el que el individuo escapa al peligro de un estado sobreprotector, detrás del cual casi siempre subyace una forma sutil de tiranía sobre el ser humano, su voluntad y su autonomía. Si es suficiente una mera acusación de la mujer contra el hombre ante un órgano administrativo como es una corporación local para poner en entredicho la potestad de uno de los miembros de la familia sobre sus descendientes, entonces qué quita que, una vez vigente tan intervencionista norma, se apueste porque los hijos pasen a ser directamente propiedad social, como ocurre en regímenes comunistas.

 

 

 

Marxismo Cultural: La doctrina política de los comunistas “cool”

¿Por qué es tan “guay” ser comunista?

¿Por qué  se sigue defendiendo una ideología asesina?

¿Por qué son socialmente aceptables las ideas detrás de los gulags?

 

Siempre me ha hecho mucha gracia ver a tanto adolescente llevar camisetas del Che Guevara, fabricadas en Bangladesh y comercializadas por Inditex o HM. Aunque quizás no debamos sorprendernos de los comunistas y sus muchas contradicciones. Karl Marx no fue parte del “proletariado” y de hecho no había pisado una fabrica en su vida. Tenemos que admitir que la utopía comunista es muy bonita. Muy atractiva para aquellos soñadores que pueden permitirse soñar y no trabajar. Atractiva para tantos intelectuales burgueses como Sartre y De Beauvoir. Esto lo entendió muy bien el comunista italiano Antonio Gramsci, que sabía que pseudo “revolucionarios” no llevarían muy bien el frío ruso y las brutalidades cometidas por Lenin y sus bolcheviques. Fue Gramsci quien fundó el concepto de “marxismo cultural”, una forma de adoctrinamiento comunista mucho más sutil que un simple fusil. Se trataba de destruir o deconstruir los valores que impedían el control absoluto del estado en las vidas de la gente. Para ello estaban los intelectuales y los teóricos, capaces de convencernos de que nuestros valores eran opresores y que era necesario adoptar el marxismo para liberarnos de estas “opresiones”. Gramsci murió en 1937, y no pudo ver como germinó el marxismo “cool”. Un marxismo que se infiltra en la cultura sutilmente y que evita el riesgo de una posible “contrarevolución”

Las ideas de Gramsci fueron acogidas por un grupo de pensadores alemanes con ideas neomarxistas. Este grupo es conocido en el mundo como la Escuela de Frankfurt. Desarrollaron una teoría llamada “Teoría Crítica” y en ella intentaban explicar las razones detrás del fallo de todas las revoluciones marxistas en Occidente, aplicando la doctrina marxista y la lucha proletaria. La lucha de clases y la revolución proletaria debían de ser enfocadas de otra manera si querían cuajar en Europa Occidental o en Estados Unidos. La clave era crear una cultura dónde todos los problemas radicaban en el capitalismo y los cimientos liberales de nuestra cultura. Esa es la teoría detrás de las políticas identitarias de la izquierda, las relaciones de poder entre ricos y pobres, blancos y negros, opresores y oprimidos. Los pseudo héroes marxistas buscan representar a los oprimidos y por eso, los partidos de izquierda suelen apropiarse de las minorías étnicas y sociales. Las relaciones de poder también están detrás de los conceptos desarrollados por la segunda y tercera ola feminista como el “heteropatriarcado” donde el hombre es el eterno opresor y la mujer la eterna oprimida. Estos neo marxistas y soñadores detestaban la cultura que no permitió una revolución socialista y por lo tanto, resienten nuestra cultura “blanca”. ¿Es una casualidad qué nuestras clases de historia nos expliquen todas las barbaridades que hemos hecho? El objetivo es hacernos pensar que nuestra cultura es opresora e instaurarnos una culpa colectiva.

¿Por qué es tan atractivo el marxismo cultural? Hace poco expliqué por qué el feminismo resulta tan atractivo a las jóvenes. En realidad, todo es similar. Adoptar posiciones tan “bonitas” y querer defender a los débiles y a los oprimidos es en realidad fácil. Creo que estas ideas son atractivas para mentes infantiles, aún convencidas de que existe el malo y el bueno. La idea neomarxista de que hay opresores y oprimidos me recuerda a los cuentos y a las películas Disney que solía leer o ver. Aprovechan el sentimentalismo y la víscera de las masas para promover la idea de que una minoría o persona está oprimida y que todos aquellos que se oponen son las brujas o brujos malvados de la historia. Convencidos de que son los héroes de twitter, la turba ataca a la presunta Cruella de Vil de la historia.

Fuerza Liberal: Una declaración de guerra contra el marxismo cultural

En los últimos años, posturas neomarxistas y anticapitalistas han resurgido en España. Disfrazadas de “progresismo”, ideas responsables de la muerte de más de 100 millones de personas siguen estando muy presentes en nuestras calles y aún peor, nuestras aulas. Después de la década “revolucionaria” y de las protestas de Mayo del 68, el postmodernismo y sus dogmas, también conocidos como “marxismo cultural” son impuestos a los estudiantes en institutos y universidades. A raíz de esta imposición, muchos jóvenes son manipulados y adoctrinados con las creencias de la izquierda. Estos profesores y medios de comunicación postmodernos no solo adoctrinan sino que silencian y marginan a todos aquellos que se niegan a creer ni a caer en su ideología.

Fuerza Liberal nace para combatir el marxismo cultural y la ideología de género. Nuestro objetivo es representar a jóvenes disidentes con puntos de vista muy distintos a lo que dicen los medios de comunicación principales. A día de hoy, el acoso o marginación a jóvenes con ideas liberales o conservadoras es muy frecuente. Queremos representar los puntos de vista de estas personas marginadas y demostrar que somos una mayoría silenciada por una minoría muy ruidosa.

 

¡Liberales y conservadores del mundo…uníos!