El peligro del Estado totalitario 

Por: Jacqueline Estrada Salazar & Juan Carlos Rueda Montenegro

¿Cómo pasó? Cómo estamos llegando a este punto, cómo lo que nació como un deseo de darle reglas a la organización política para garantizar los derechos de las personas, terminó siendo un sistema totalitario en el cual el Estado está llegando a controlar todos los aspectos de la vida de las personas. Se encargan de todo: La educación, la economía, se controla la información, la propiedad privada, el comercio, la movilidad…..

El poder estatal debe tener límites. Esto ha sido un planteamiento de muchos pensadores, políticos y filósofos de todos los tiempos. Muchos también han señalado la naturaleza corruptiva del poder, ellos nos han legado una serie de sentencias en uno y otro sentido. Los pensadores, políticos y filósofos que sostienen que la libertad es un valor fundamental que determina la naturaleza humana se oponen a un sistema de corte autoritario que pretende hacer del Estado un ente de control total. Sin embargo, hay evidencia de que el poder del Estado se incrementa en todos los sistemas políticos y en especial en aquellos que plantean un modelo de Estado de corte socialista, pues en ese modelo, más que en otros, – aunque por desgracia no solo en este – los gobiernos se erigen como representantes de las mayorías y en su nombre arbitran toda clase de decisiones que a la postre coartan las libertades individuales.

El modelo de control total rompe sin duda la aspiración de los hombres de defender su libertad. El Estado en todas sus versiones y en unas más que en otras, se atribuye la capacidad de dar seguridad a los miembros de la sociedad, defender la vida y la propiedad privada, y con esos propósitos ha ido consolidando en torno a si mismo una serie de capacidades que se ven extendidas cada vez con mayor fuerza, pues se le amplían sus prerrogativas respecto a la demanda original con la que fue instituido. Para ello cada vez se amplían las demandas de seguridad relacionándola con la satisfacción de una serie de necesidades sociales. La educación, la salud, el trabajo, la vialidad, la infraestructura de las comunicaciones, la energía, el agua, y por ese orden se reclama del Estado todo tipo de garantía para la satisfacción de estas necesidades, así las propias sociedades presionan con exigencias que no le incumben a la naturaleza del Estado. Este nació con la responsabilidad de proteger la vida y la propiedad privada y de administrar justicia para que los hombres en sus relaciones tengan un tercero independiente a quien acudir para reclamar sus derechos, se le dio al Estado la responsabilidad de dar seguridad a las personas para evitar la agresión ilegítima de otros, por esto los deberes básicos se refieren a crear las condiciones para garantizar a la sociedad el orden público y darle la garantía de seguridad respecto a las agresiones de extranjeros que pretendan conquistarlos o someterlos. Por ello, la seguridad a la que se refiere el pacto original se traduce en la defensa de valores concretos, de los derechos individuales relacionados con la vida, la libertad civil y la propiedad privada, derechos que no pueden ser allanados ni por otros individuos, y desde luego tampoco por el Estado, pues rompería el pacto original, en el cual el hombre ha cedido una parte de su libertad para garantizar esos derechos. Sin embargo, los ciudadanos inducidos por doctrinas colectivistas de corte totalitario han exigido que sea el Estado, y no ellos mismos como corresponde, el que debe dar garantía a otros valores como la educación, la salud, el trabajo, la jubilación… En general requieren del Estado la satisfacción de toda necesidad, así quienes encarnan el Estado reclaman de los ciudadanos mayores atribuciones para compulsivamente gobernar, controlar, sancionar. Sin duda esto requerirá impuestos y contribuciones de los mismos ciudadanos y esto se convierte en un círculo vicioso por el cual el Estado es cada vez más omnipresente y poderoso.

Esto solo puede revertirse si los ciudadanos emprendemos en la confrontación de las ideas sobre la libertad civil, la libertad económica y política, sobre las consecuencias de perderla y los efectos que sobrevienen para la sociedad cuando las naciones se han dejado subyugar por las falacias y el espejismo que venden los políticos de tendencias colectivistas, totalitarias y estatistas, de ambos extremos del pensamiento político.

Autor: Jackie Estrada

Psicoterapeuta, De formación política Libertaria, Vicepresidente de la jurisdicción de Latinoamérica, África y el Caribe del movimiento CREO.

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